Cuando respiras conscientemente te recuperas a ti mismo y recuperas la vida en el presente. La respiración te conecta, inmediatamente, con el proceso rítmico y fluido de la vida.

Respirar es algo que tu cuerpo sabe hacer para asegurar tu supervivencia básica. En este mismo momento, mientras lees estas palabras, tu cuerpo está respirando sin que lo pienses. Esta respiración automática te permite sobrevivir, pero cuando la bloqueas o limitas a través del hábito, se restringe y distorsiona, limitándote.

La mayoría de la gente no es consciente de que respira mal y de las consecuencias negativas de restringir este proceso vital fundamental.

El estrés y la ansiedad generan una respiración más superficial que perjudica nuestro organismo.

La respiración afecta a los sistemas respiratorio, cardiovascular, neurológico, gastrointestinal, muscular y psíquico; y también tiene un efecto general sobre el sueño, la memoria, el nivel de energía y la concentración entre otros. Mediante el perfeccionamiento y la mejora de calidad de tu respiración puedes sentir una impacto positivo en todos los aspectos de tu ser.

Puedes incorporar pausas de respiración consciente para salir del piloto automático y estrechar tu conexión con la respiración.

Como dice Jon Kabat- Zinn, en la meditación la respiración actúa para tu atención como si fuera un ancla. Al sintonizarla con cualquier parte que sientas del cuerpo te permite arrojar bajo la superficie las agitaciones de la mente, y convertirlas en relajación calma y estabilidad. La agitación permanece en la superficie al igual que las olas lo hacen sobre la superficie del mar, pero te pones proa al viento y te proteges de su soplo y de los efectos producidos por la tensión. Se trata de un sistema sumamente efectivo para la localización de un centro de paz dentro de ti mismo y aumenta la estabilidad general de tu mente.

  1. Comienza sentándote cómodamente en un cojín o en una silla. Cierra los ojos si lo deseas, o déjalos abiertos y baja la mirada hacia el suelo.
  2. Solo respira: Respira como lo haces normalmente. Y luego dirige tu atención a la sensación física de cada respiración. Es posible que observes el ascenso y descenso de tu abdomen o cómo se hincha el pecho al inhalar y se deshincha al exhalar. O puedes notar cómo entra el aire y sale por la nariz con cada respiración, guía la atención lo mejor que puedas de regreso a tu respiración. Inhalando y exhalando. Permite que la atención se pose en la respiración como lo hace una hoja sobre la superficie de un estanque, y permanece en contacto con ella durante cada inspiración, exhalación y en cada pausa, con su ascenso y su descenso, en todos y cada uno de sus movimientos.
  3. Sé amable con tu mente cuando se distrae: Casi de inmediato y posteriormente, te encontrarás, una y otra vez, distraído. La atención siempre vagará, eso es lo que hace. Es normal y siempre será parte de tu experiencia. Puedes encontrar que tu atención vaga hacia un sonido, un pensamiento o una sensación física. Con amabilidad, sin juzgar, devuelve tu atención a la sensación de respirar.
  4. Cuando tu mente se distraiga, vuelve suavemente a notar tu respiración. Si algo llama tu atención como, por ejemplo, un sonido en la habitación nota que ha sucedido, y luego déjalo ir lo mejor que puedas. Vuelve a la respiración sin esperar nada más.
  5. Práctica la paciencia. A veces, la mente permanece ocupada y atrapada durante la meditación. Al darte cuenta de esto, practica la paciencia. No puedes forzar tu mente a la quietud, y esa nunca es la intención, permite que todo sea por unos momentos tal y como es.
  6. Cuando estés listo, abre suavemente los ojos.  Haz una pausa por un momento y agradécete el haberte dedicado esos minutos para nutrir tu atención y serenidad.

Puedes prestar este tipo de atención en cualquier momento del día convirtiéndolo en un momento de meditación, orientándote hacia el presente y hacia tu cuerpo.

 

Esther Fernández

Consultora Coach 

Experta en Mindfulness estrés y liderazgo

 

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