Cada meditación mindfulness es una puerta que te lleva a conectar con lo esencial, con tu corazón.

“Bebemos una taza de té, pero no somos conscientes de que la estamos bebiendo. Nos sentamos junto a la persona que amamos, pero olvidamos que está allí. En lugar de vivir el momento estamos en otro sitio, pensando en el pasado o en el futuro. Debemos iluminar con la luz de la consciencia todo cuanto hagamos para que la oscuridad que provoca la falta de atención desaparezca. La primera función de la meditación es Detener.”Thich Nhat Hanh

La práctica formal de la meditación mindfulness incrementa tu capacidad de afrontar la totalidad de tu vida con conciencia de cada momento. Todos tenemos la capacidad de alcanzar la atención plena, todo lo que necesitamos es cultivar nuestra capacidad de prestar atención al momento presente.

Para meditar no es necesario que estés sentado, o en una postura especial, puedes hacerlo mientras escribes en el ordenador, te duchas, lavas los platos, te lavas los dientes, al comer…puedes intentar llevar atención en cada momento a tus tareas, a tu experiencia, a las personas que cuidas, al abrazar a alguien, a tu entorno, al sol, a la lluvia, al viento, a los árboles, a los paisajes y sonidos de tu camino al trabajo o a cualquier lugar. Es un tipo de conciencia que puede aplicarse a todas y cada una de las actividades de tu vida.

Solo tienes que estar dispuesto a entregarte incondicionalmente al momento presente.

Al aportar atención plena a una actividad o experiencia, se te hace más vívida, más brillante y real. En parte, se hace más vívida porque la corriente de tu pensamiento se asienta un poco y existen menos posibilidades de que se interponga entre ti y lo que en realidad sucede.

Cuando conectas con la respiración y tu conciencia está de forma plena en que lo estás haciendo, algo cambia y simplemente eres.

Así que esta claridad y esta plenitud más profunda puedes experimentarla en tus actividades diarias. Cuando practicas la atención plena con regularidad, tiende de forma natural a impregnar tu vida diaria y puedes experimentar como tu mente se vuelve, al mismo tiempo, más tranquila y menos reactiva.

Si eres capaz de estar presente al realizar actividades rutinarias diarias, si estás dispuesto a recordar que esos momentos pueden ser momentos de atención tranquila y alerta, además de ratos en los que haces las cosas que ‘han de hacerse’, puedes encontrar con que disfrutes más de todo lo que haces.

Por ejemplo, si conviertes la limpieza de la casa en parte de tu práctica meditativa, esta tarea rutinaria puede transformarse en una experiencia realmente nueva. Puedes incluso llegar a realizarla de distinta forma o con distinta intensidad, o quizás  llegar a ver con mayor profundidad tu relación con el orden y la limpieza.

El objetivo de la práctica de mindfulness o atención plena consiste en llegar a ser continua y plenamente consciente, instante tras instante, de todas las facetas de tu experiencia. No es sencillo, tómatelo con calma y permite que tu capacidad vaya fortaleciéndose poco a poco para conquistar ese lugar al que renunciamos por la aparente urgencia de compromisos, distracciones, responsabilidades… para conectar con lo que es importante para ti y necesario: lo esencial para lograr una vida más plena.

Fuentes:
El libro del mindfulness, Bhante Henepola Gunaratana Ed. Kairós
Vivir con plenitud las crisis, Jon Kabat-Zinn. Ed. Kairós.

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