Últimamente aparece mucho en redes sociales una expresión que me gusta: romantizar la vida.
Prepararse un café y disfrutarlo.
Poner música mientras cocinas.
Caminar sin mirar el teléfono.
Prestar atención a la luz que entra por una ventana.
Comprar flores porque sí.
Convertir un martes cualquiera en un pequeño acontecimiento.
Pero creo que romantizar la vida empieza bastante antes.
Empieza por la relación que tenemos con nosotros mismos.
¿Qué significa realmente enamorarse de uno mismo? ¿Es sentirse bien con quien eres, dejar de exigirte tanto, reconocer tus cualidades o aprender a tratarte con más respeto?
Estas son algunas de las preguntas que plantea Enamórate de ti, de Walter Riso, un libro sobre autoestima, amor propio y la relación que mantenemos con nosotros mismos.
Lo leí hace ya algún tiempo y, aunque muchas de sus ideas giran alrededor de la autoestima, hoy volvería a leerlo desde otro lugar: el del liderazgo consciente.
Porque cuanto más observo cómo trabajamos, cómo lideramos y cómo nos relacionamos con los demás, más evidente me parece que existe una relación entre la forma en que nos tratamos y la forma en que habitamos el mundo.
Y en una época en la que la autoexigencia, la comparación y la autocrítica parecen haberse convertido en virtudes, esta reflexión adquiere todavía más sentido.
¿De qué trata Enamórate de ti, de Walter Riso?
Enamórate de ti. El valor imprescindible de la autoestima fue publicado originalmente en 2012 y pertenece a la obra de divulgación psicológica de Walter Riso, psicólogo especializado en terapia cognitiva. El libro propone trabajar la autoestima y el amor propio desde una perspectiva práctica, diferenciando quererse a uno mismo de caer en el egoísmo o el narcisismo.
La tesis central del libro podría resumirse así:
para relacionarnos de una manera más sana con los demás necesitamos aprender también a relacionarnos de una manera más sana con nosotros mismos.
Riso plantea cuatro componentes fundamentales de la autoestima:
- Autoconcepto: qué pensamos de nosotros mismos.
- Autoimagen: cuánto nos agradamos.
- Autorrefuerzo: cuánto somos capaces de reconocernos y darnos valor.
- Autoeficacia: cuánto confiamos en nuestra capacidad para afrontar las situaciones.
Estos cuatro pilares aparecen como una estructura central de la propuesta del libro.
Pero quizá lo interesante no sea solamente conocerlos.
Lo interesante es preguntarnos cómo aparecen en nuestra vida cotidiana.
Los cuatro pilares de la autoestima según Walter Riso
1. Autoconcepto: qué piensas de ti
El autoconcepto tiene que ver con la historia que nos contamos sobre quiénes somos.
Y aquí aparece una de las ideas del libro que más me interesa: la manera en que hablamos de nosotros mismos termina influyendo en la manera en que actuamos.
No es lo mismo decir:
«He cometido un error».
que decir:
«Soy un desastre».
La primera frase habla de algo que ha ocurrido.
La segunda convierte ese acontecimiento en una definición personal.
Este matiz es importante porque la autocrítica puede ayudarnos a revisar nuestro comportamiento, pero también puede convertirse en una forma de desvalorización.
Riso plantea precisamente la necesidad de evitar una autocrítica despiadada y unos estándares rígidos que terminen deteriorando nuestro autoconcepto.
Y esto me lleva a una pregunta:
¿Cuántas veces utilizamos con nosotros mismos un lenguaje que jamás utilizaríamos con alguien de nuestro equipo?
2. Autoimagen: cómo te ves
El segundo pilar es la autoimagen: la relación que tenemos con nuestra propia persona y cuánto nos agradamos.
Aquí es difícil no pensar en el contexto actual.
Vivimos expuestos a imágenes permanentemente editadas de vidas aparentemente exitosas, cuerpos perfectos, carreras profesionales brillantes, viajes, casas, proyectos y relaciones.
La comparación se ha convertido en una actividad cotidiana.
Y la comparación tiene una trampa: solemos comparar nuestra vida completa con el fragmento cuidadosamente seleccionado de la vida de otra persona.
Por eso una autoestima saludable no consiste en pensar que somos mejores que los demás.
Consiste en dejar de necesitar compararnos continuamente para sentir que tenemos valor.
3. Autorrefuerzo: reconocer lo que haces bien
Este pilar me parece especialmente interesante en una cultura donde parece que siempre tenemos algo que mejorar.
Muchas personas saben detectar rápidamente sus errores, pero tienen dificultades para reconocer sus avances.
Cuando reciben un elogio responden:
«No es para tanto».
«Tuve suerte».
«Podría haberlo hecho mejor».
«Todavía me queda muchísimo».
Como si reconocer lo que hacemos bien fuera una forma de arrogancia.
No lo es.
El autorrefuerzo tiene que ver con la capacidad de reconocer nuestros logros, disfrutar de determinadas cosas y concedernos también momentos de satisfacción.
No necesitamos convertirnos en nuestro propio club de fans.
Pero tampoco necesitamos ser nuestro crítico más implacable.
Una autoestima sana necesita también saber reconocer.
4. Autoeficacia: confiar en tu capacidad
La autoeficacia tiene que ver con la confianza en nuestra capacidad para afrontar las situaciones.
No significa pensar que podemos conseguir absolutamente todo.
Significa confiar en que podemos aprender, adaptarnos, pedir ayuda, cambiar de estrategia y afrontar las dificultades.
Esta diferencia es importante.
La confianza no nace necesariamente de saber que todo va a salir bien.
A veces nace de saber que, si no sale bien, podremos encontrar una manera de seguir adelante.
Enamórate de ti y la autocrítica: ¿realmente nos hace mejores?
Esta es, para mí, una de las preguntas más actuales que plantea el libro.
Hemos aprendido a pensar que ser duros con nosotros mismos es una manera de mejorar.
Que si nos exigimos más, conseguiremos más.
Que si después de equivocarnos nos castigamos suficientemente, no volveremos a cometer el mismo error.
Pero hay una diferencia importante entre autocrítica constructiva y autocrítica destructiva.
La primera nos aporta información:
«Esto no ha funcionado. ¿Qué puedo aprender?»
La segunda ataca nuestra identidad:
«Esto no ha funcionado porque no valgo».
Una nos permite corregir.
La otra nos desgasta.
Y quizá hemos sobrevalorado durante demasiado tiempo nuestra capacidad de crecer a través del castigo.
Autoestima, autocompasión y liderazgo consciente
Aquí es donde el libro de Walter Riso adquiere, para mí, una lectura diferente.
Porque la autoestima no es solamente un asunto personal.
También puede tener consecuencias en nuestra manera de liderar.
Imaginemos a una persona que necesita demostrar constantemente que sabe.
¿Le resultará fácil reconocer que no sabe algo?
Imaginemos a alguien que interpreta cada error como una amenaza a su valor.
¿Será sencillo para esa persona crear un entorno donde los demás puedan equivocarse?
Imaginemos a alguien que vive bajo una exigencia permanente.
¿Es probable que esa exigencia no termine apareciendo también en la forma en que dirige a su equipo?
La manera en que nos tratamos viaja con nosotros.
Entra en las reuniones.
Aparece en nuestras conversaciones.
Se refleja en nuestras decisiones.
Y también puede determinar el clima que generamos alrededor.
Por eso considero que trabajar la autoestima y la autocompasión puede formar parte del desarrollo de un liderazgo más consciente.
No para ser menos exigentes.
Sino para aprender a exigirnos sin destruirnos.
¿Qué significa romantizar la vida?
En los últimos años se ha popularizado mucho en redes sociales la expresión romantizar la vida.
Prepararte un café y disfrutarlo.
Caminar sin mirar el teléfono.
Leer un libro al final del día.
Poner música mientras cocinas.
Comprar flores.
Mirar cómo cambia la luz de una habitación.
Pequeñas cosas que, aparentemente, no tienen ninguna importancia.
Pero creo que hay algo interesante detrás de esta tendencia.
Porque romantizar la vida no debería significar idealizarla.
La vida también tiene cansancio, pérdidas, frustraciones, incertidumbre y días que simplemente no salen bien.
Romantizarla puede significar otra cosa:
aprender a mirar.
Y ahí encuentro una conexión muy bonita con Enamórate de ti.
Porque quizá el primer paso para romantizar nuestra vida sea aprender a mirarnos a nosotros mismos de una manera diferente.
Perfect Days: aprender a encontrar belleza en lo cotidiano
Hay una película que me viene a la cabeza cuando pienso en esto: Perfect Days, de Wim Wenders.
La película sigue a Hirayama, un hombre que trabaja limpiando los baños públicos de Tokio. Su vida, desde fuera, podría parecer absolutamente rutinaria.
Se levanta.Trabaja.Escucha música.Lee.Come.Cuida sus plantas.Fotografía árboles. Y vuelve a empezar.
No hay una vida espectacular.
Pero hay atención.
Wim Wenders construye una película sobre la belleza de lo cotidiano, sobre la posibilidad de encontrar sentido en los pequeños rituales y sobre la manera en que nuestra mirada transforma aquello que vivimos.
Y quizá ahí haya una conexión inesperada con Walter Riso.
No siempre necesitamos cambiar nuestra vida para sentirnos mejor con ella. A veces necesitamos cambiar la manera en que la miramos.
Lo mismo puede suceder con nosotros.
Romantizar la vida empieza por la relación contigo
Podemos llenar nuestra agenda de experiencias.
Podemos viajar.
Podemos comprar cosas bonitas.
Podemos hacer planes.
Podemos construir una vida que desde fuera parezca maravillosa.
Y, aun así, mantener dentro de nosotros una voz que repite:
«No es suficiente».
«Deberías hacerlo mejor».
«Mira todo lo que te falta».
«Los demás están más avanzados».
Por eso creo que romantizar la vida empieza mucho antes de preparar ese café bonito que aparece en Instagram.
Empieza en la forma en que nos hablamos.
En la manera en que interpretamos nuestros errores.
En nuestra capacidad para reconocer nuestros avances.
En permitirnos descansar sin sentir culpa.
En aceptar que no todo tiene que ser productivo.
En aprender a estar presentes.
En poder decir:
«Esto también está bien».
No porque nuestra vida sea perfecta.
Sino porque hemos decidido estar presentes en ella.
¿Qué podemos aprender hoy de Enamórate de ti?
Más de una década después de su publicación, muchas de las preguntas que plantea Walter Riso siguen siendo relevantes.
Podemos resumir algunas de ellas en cinco:
1. ¿Cómo me hablo cuando me equivoco?
Esta pregunta dice mucho más sobre nuestra autoestima que cualquier afirmación positiva.
2. ¿Sé reconocer lo que hago bien?
No todo necesita convertirse inmediatamente en algo que mejorar.
3. ¿Cuánto dependo de la aprobación externa?
La necesidad constante de reconocimiento puede terminar dirigiendo nuestras decisiones.
4. ¿Confío en que puedo afrontar lo que todavía no sé resolver?
La autoeficacia no consiste en tener todas las respuestas.
5. ¿Estoy de mi lado?
Probablemente esta sea la pregunta más importante.
Mi opinión sobre Enamórate de ti, de Walter Riso
No creo que el mensaje del libro sea que tengamos que gustarnos todo el tiempo.Tampoco que debamos repetirnos que somos maravillosos.Y mucho menos que debamos construir una imagen ideal de nosotros mismos. Para mí, el valor de Enamórate de ti está en recordarnos que la autoestima se construye también en las pequeñas conversaciones que mantenemos con nosotros mismos.En cómo interpretamos un fracaso. En cómo recibimos un reconocimiento.En los límites que ponemos.En lo que permitimos.En aquello que nos decimos cuando nadie más puede escucharnos.
Y cuanto más trabajo en liderazgo consciente, más claro tengo que esto no es un asunto menor.Porque un líder no deja su mundo interior en casa cuando entra en una reunión, Lo lleva consigo.
El romance más importante
Quizá por eso, cuando pienso hoy en Enamórate de ti, el título me parece todavía más poderoso.
Nos pasamos buena parte de la vida buscando que otros nos quieran. Buscando aprobación, reconocimiento, éxito, validación…
Intentando demostrar que somos suficientes.Y quizá olvidamos una relación fundamental: La relación con nosotros mismos.
El romance más importante no consiste en enamorarnos de una versión ideal de quienes somos. Consiste en aprender a acompañarnos mientras seguimos cambiando.En poder mirarnos con honestidad sin desprecio.En reconocer nuestros límites sin avergonzarnos de ellos.En celebrar nuestros avances.En aprender de nuestros errores sin convertirlos en una sentencia.Y quizá también consista en algo tan sencillo como esto:
mirar nuestra propia vida y descubrir que merece ser vivida, incluso cuando no es perfecta.
Porque tal vez romantizar la vida no sea convertirla en una película.
Tal vez sea aprender a mirarla con suficiente atención como para descubrir que ya contiene pequeñas escenas que merecen ser amadas.

